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| Portal arriero |
La casa arriera responde al desarrollo significativo que tuvo una
actividad como la arriería en buena parte de los núcleos
de la comarca, completando la imagen de arrieros que tienen muchos
núcleos de las zonas altas leonesas. Será en el último
tercio del siglo XVIII y la priemra mitad del siglo XIX cuando suge
la edificación de las grandes casas de arrieros que hoy nos
maravillan.
La casa arriera maragata presenta una organización diversa
en correspondencia precisamente con la importancia de las actividades
tradicionales. Se articula y organiza en torno al patio, con un bloque
básico de dos alturas, donde se sitúa la vivienda, almacenes
y cuadras del ganado mayor, diferenciándose la zona de cuadras
de ganado menor, cabras, ovejas y cerdos, en un edificio ya de una
altura, al que puede añadirse el pajar conformando el patio.
El bloque de la casa dispone, en la planta baja, algunas habitaciones
como la camareta o dormitorio de verano, el comedor, el almacén
para albergue de mercancías y alguna cuadra, además
del portalón de acceso.
En la planta alta se sitúan las habitaciones. Ofrece al corral
el corredor establecido con orientaciones al mediodía. Se establece
volando las vigas correspondientes al forjado, contando con balaustres
de madera, frecuentemente torneados. Excepcionalmente se apoya en
pies derechos de madera creando un pórtico interno.
La cocina se establece en el bloque de la casa, alcanzando con el
gran volumen de la campana las dos alturas, contando con el horno
y la despensa aneja. En el propio espacio de la cocina se podía
situar el camastro del criado, separado espacialmente del resto por
un cerramiento de tabla que no llegaba hasta el techo.
La casa arriera en sus ejemplares más espectaculares muestra
ya tratamientos de fachada con claras influencias cultas, incorporando
el arco de medio punto en el portón de acceso, realizado en
dovelas de sillería. Estos accesos pueden estar acompañados
de unos poyos a ambos lados para permitir la subida o bajada del lomo
de las caballerías. También los portones pueden ser
adintelados, bien con piezas de madera o de piedra, o incluso con
dovelas irregulares.
Los solados tienen gran importancia en la casa arriera. Lo más
significativo es el empedrado de los corrales, en los que se incluye
el espacio del portalón de acceso. Se utiliza el canto rodado,
creándose bandas separadoras, con piezas mayores pétreas
de los distintos paños en que se divide para facilitar la evacuación
de las aguas. Ello se extiende en forma de solados irregulares al
espacio de la cocina, continuando los empedrados en gran parte de
las cuadras y almacenes de planta baja.
José Luis García Grinda, Arquitectura popular leonesa,
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