El monte Teleno, sacro habitáculo de dioses para astures y romanos, como un Olimpo de provincias, impone sobre el horizonte su mole, gran parte del año con nieves y se convierte en una referencia geográfica obligada para esta tierra que se dice desde antiguo Somoza, que traducido sería "bajo el monte" reconociendo que en sus laderas silentes y austeras, con venas de oro que atrajeron el interés de los romanos, se asentaron gentes que consolidaron un puñado de pueblos buscando a la vera de los ríos de irregulares caudales, Jerga, Turienzo, Argañoso y Valdespino, la posibilidad de una mínima agricultura de subsistencia.

A este espacio geográfico de cuatrocientos kilómetros cuadrados situado al sur de Astorgase le llama hoy Maragatería. No más allá del siglo XVI se puede rastrear esta denominación que tiene la puerta abierta a los eruditos que quieran explicar su significado, que unos dicen venir de "mercader" siendo nombre que sólo correspondería a una parte de sus habitantes dedicados al oficio de la arriería, que se hicieron imagen famosa en los caminos de media España y acabaron por bautizar al terruño de donde procedían, y otros quieren que la leyenda imponga sus caprichos y ser palabra que defina el origen moro o bereber y hasta egipcio de sus gentes o que haga referencia al rey Mauregato de infeliz memoria.

Dispuesta en una situación geográfica condicionada por el paso de importantes vías de comunicación con el Noroeste, la Maragatería es una comarca llena de peculiaridades con una acusada personalidad. Los rigores del clima y la aridez del terreno condicionaron la principal actividad laboral de sus habitantes, la arriería, que los convertiría en los primeros y más afamados transportistas del país en los siglos XVIII y IX.
L a remota historia de la comarca se relaciona con los pobladores astures prerromanos, detectándose en su territorio diferentes recintos de antigua fortificación, que terminarían por vincularse a la dominación romana, en relación con las vecinas explotaciones auríferas. En el período medieval, con la proximidad episcopal de Astorga, los distintos enclaves pasarán a formar parte de la pequeña nobleza local y así mientras Santiagomillas pertenecía al vizcondado de Palacios de la Valduerna, Turienzo de los Caballeros era capital de jurisdicción de los Osorio, que serán marqueses de Astorga.

En tiempos de Ordoño I una repoblación trata de sanar a la Somoza de la soledad intensa que impuso la invasión árabe en este territorio. Añadir a esto la señal de vida que supone que el Camino francés a Compostela atraviese este territorio y propicie encuentros y aventuras.

La historia de la comarca transcurre con las vicisitudes propias de cada circunstancia y nunca la Maragatería ocupó un papel lo suficientemente estratégico para ser lugar zarandeado por los avatares del tiempo. Sus habitantes orientaron la búsqueda de recursos hacia diversas actividades profesionales que les brindaba un entorno no demasiado favorable. Por un lado la agricultura y ganadería de subsistencia, compartieron el espacio con una creciente actividad textil que, en algunos casos, se convirtió en el principal medio de vida. Este hecho produjo que los cardadores y fabricantes de paños bastos fueran uno de los grupos sociales más abundantes y significativos de la comarca.
Pero de todos modos, fue la arriería, el oficio de trajineros de los caminos, trasportando todo tipo de mercancías entre la costa norteña y la capital de la corte, el que proporcionó una seña de identidad imborrable a la región. Documentada ya su existencia en el siglo XVI, los arrieros maragatos alcanzarán en el siglo XVIII y en la centuria siguiente, hasta la llegada del ferrocarril, un puesto destacado en el panorama social peninsular, recorriendo los caminos con sus reatas de mulas y sus carromatos. Su poder adquisitivo les permitió disponer de una arquitectura singular como lugar de habitación, a lo que se unieron una serie de peculiaridades en sus costumbres que harían de ellos unos tipos indipensables en la literatura y el arte decimonónicos.
La trasformación de los medios de transporte y la mencionada llegada del ferrocarril, condujo a un despoblamiento progresivo de la comarca. Muchos arrieros terminaron instalando sus negocios en algunos de los lugares por los que transitaban, pensando en sus posibilidades comerciales. Otros emigraron masivamente hacia América, formando auténticas colonias que siguen manteniendo todavía vínculos afectivos.

El resto de la historia es discreción, trabajo, silencio que invita a la reflexión y a propiciar un folklore no exento de misterio y a cultivar usos y costumbres que al mantenerse arcaicos, cuando en otros lugares se desdibujaban con novedades, daban la impresión de ser Maragatería un lugar exótico, una isla misteriosa casi mágica, propiciando la creación de una Maragatería imaginaria e irreal capaz de sorprender y de cautivar.

La Maragatería hoy, organizada en pequeños municipios que agrupan a distin rotas localidades, se mantiene con una escasa población habitual, aunque cada día crece más la ocupación esporádica y vacacional. Ha conservado buena parte de la riqueza arquitectónica que la distinguió, el encanto sobrio del paisaje, las peculiaridades gastronómicas, la sencillez de su artesanía y las referencias a un pasado que es la memoria colectiva de un pueblo.